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miércoles, 14 de julio de 2010

EL ESPEJO


Otra vez Laura estaba viendo la película de “Regreso al Futuro” por octava vez, no se cansaba. Eso de viajar en el tiempo era algo que le obsesionaba, ¡Quién pudiera hacerlo! Ir al pasado y después al futuro, conocer a sus padres de niños y jóvenes y ver si eran tan perfectos como decían. La verdad es que sus progenitores estaban algo preocupados, las paredes de su habitación se inundaban de posters de cómic con el mismo tema recurrente. Como cada noche, Milus, el protagonista de su historia se disponía a traspasar la puerta que daba al desván, donde le esperaba otro mundo, el futuro. Le encantaban todas las aventuras por las que pasaba aquel héroe anónimo, era su cómic favorito, el tiempo le pasaba sin apenas darse cuenta. Aquella noche estaba tan imbuida que no percibió que una mano le tocaba el hombro y le decía:
-¿Quieres conocer tu futuro?
La voz insistió y al final Laura sobresaltada miró hacia atrás pero no vio a nadie; aunque siguió oyendo aquella voz que le empujaba hacía el espejo que tenía enfrente. Se acercó y lo tocó, la mano se hundió hasta desaparecer, casi se le salen los ojos de las órbitas pero debía seguir, había de ver lo que le esperaba al otro lado. Poco a poco fue pasando a través del espejo, al salir se encontró en otra habitación muy parecida a la suya, una niña estaba con unos cascos y un ordenador extrañísimo, flotaba en el aire, era redondo y hablaba, -madre mía lo que faltaba un ordenador parlante. Pensó-. La niña se dio la vuelta, y ¡ostras! Tenía su misma cara; sin embargo no podía ser ella, se abre la puerta y entra una señora, también se parecía mucho, una voz masculina a lo lejos la llamó:
- Laura, me voy a la oficina, hasta luego.
- Adiós Carlos, nos vemos a la tarde.
Era ella misma con bastantes años más, vamos, como su madre, y ese Carlos, la verdad es que no conocía a ningún Carlos, en fin mejor no preocuparse. Parecía que discutía con su hija.
- Paula, quieres dejar de hablar con tus amigos, tienes deberes que realizar.
- Mamá, no seas pesada, ya los haré, no me estreses, dame tiempo.
- ¿Tiempo? Pero si tienes todo el tiempo del mundo y no lo aprovechas, mira tu cama toda llena de ropa. Podías recoger un poco.
- Ya lo haré, no seas pesada.
- Pesada, tú si que eres pesada. Te doy media hora para que recojas y dejes de hablar, ¿queda claro?.
- Bueno, vale.
- ¡Vale de verdad!
- Si…
La madre, o sea ella misma desapareció por la puerta por donde había entrado. Decidíó volver a su habitación actual algo decepcionada. Como podía ser igual que su madre, nunca pensó que le diría esas palabras a su futura hija. Lo mejor sería no intentar volver al futuro; así se mantendría la sorpresa; porque lo que vio no le gustó mucho; sin embargo le hizo reflexionar, como se cambia cuando eres adulta, tanto como para no comprender a la siguiente generación, por muy avanzada que se crea. Quizás esto le sirvió para comprender un poco más a su madre y no criticarla tanto.

6 comentarios:

XoseAntón dijo...

Y lo curioso es como nos sorprendemos al oírnos decir las mismas palabras que hemos escuchado a nuestros padres. Recuerdo que mi madre me tiene dicho: "sólo pido a Dios que los hijos que tengas sean como tú, para que te des cuenta de como eres"; y tanto que oyó(es como si el Todopoderoso existiera para lo que le da la gana).

Bikiños

Primavera en Otoño dijo...

Es una cadena que hay, se hace cosas que decias no hare, pues se imita o es nuestra condicion que tenemos en los genes.
Muy bonito el escrito y la obra que lo ilustra.
Primavera

Carmen Andújar dijo...

Gracias Xose y Primavera. Yo era una de las que pensaba que estaría más cerca de mis hijas de lo que estuvieron mis padres; pero la verdad es que también hay un salto bastante grande y con esto de los ordenadores, el chat, mesenger etc no paran. En fin, ya nos acostumbraremos.
Un abrazo a los dos

Paseo por las nubes dijo...

Carmen, qué le vamos a hacer... Dichosa la rama que al tronco sale...
Besotes dibujados.

Celia dijo...

Hola Carmen.
Has dado una tremenda lección con tu entrada de hoy. Tenemos que ponernos en lugar ajeno para comprender.
Un beso muy grande, amiguina

Carmen Andújar dijo...

Gracias Merce y Celia. La verdad es que pocas veces nos ponemos en el lugar de los demás y menos en el de nuestros hijos y a la inversa, puede que esto haga pensar.
Un beso compartido