Esta carta es verídica y no me la
publicaron. Ya hace bastantes años que la hice, entonces era yo interina y como
sabéis doy clases de visual y plástica
–que es mi especialidad- en un instituto de Barcelona.
La carta más o menos decía así:
Señor director del País, el
motivo de mi carta es para protestar por los criterios que se utilizan para
nombrar un profesor de secundaria. Yo tengo la especialidad de visual y
plástica y he aterrizado en un instituto de Suria, donde les faltaba un profesor
de Ciencias Naturales. Como
comprenderán, yo de ciencias sé lo que estudié hace ya bastantes años, o sea
como todos ustedes, supongo. Aunque le expliqué al director por activa y por
pasiva, que me sería muy difícil dar clases de algo que desconocía; él simplemente no le importaba lo más mínimo,
porqué los profesores de la materia ya tenían las horas cubiertas y yo daría
las clases de primero de BUP. Si me negaba me convidaba con buenas palabras a
dejar mi puesto de trabajo. Frente a esta disyuntiva no me quedó más remedio
que ponerme manos a la obra. Como comprenderán ustedes, nunca podré dar esa
clase igual que un profesor de la materia y lo peor, es que es un perjuicio
para los chavales. Como yo, en estas mismas circunstancias se encuentran otros compañeros,
que llegando los últimos les obligan a realizar trabajos que no les
corresponde. Creo que estos problemas se debían de solucionar de otra manera y
no dando lugar a que la persona que ha estudiado una carrera y disfruta dando
clases de lo que está preparada, se encuentre a disgusto, por culpa de la mala
organización del sistema.
Atentamente y dándoles las
gracias de antemano, reciban un cordial saludo
Carmen Andújar (profesora de
secundaria)
Esto me sucedió en los años
ochenta. Más adelante conseguimos más recursos para que no sucedieran estas
cosas, y ahora corremos el peligro de retroceder treinta años y convertir la
educación en una mercancía privada, donde el que más tiene es el que consigue
llegar más lejos y el otro, lo más seguro es que se quede estancado.
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