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miércoles, 7 de agosto de 2013

ESTE JUEVES...UN RELATO

                          

El tema que propusieron los reporteros me recordó un relato que hace poco hice,y aunque es un poco largo comparado con lo que yo escribo normalmente, ya me perdonaréis por esta vez. Estaré unos dias de vacaciones, así que  hasta la vuelta.
 
                  MEDIANOCHE EN EL DAILY


EL MENSAJE

Lo que más le gustaba a Raquel de la Universidad era el trayecto en metro, sobre todo el trasbordo en Cataluña, de la Línea 1 a la Línea III hacia Zona Universitaria. La gente sale del metro, a paso ligero baja unas escaleras y se introduce por un túnel que se asemeja a una nave espacial, con todos sus habitantes caminando como robots. En ese instante sentía algo especial, una especie de energía que desaparecía cuando abandonaba  aquel lugar. Le gustaba esa sensación; aunque después se le olvidaba por completo.
En cuanto a la universidad, no era como esperaba, encontraba poca diferencia con el instituto; después de tres meses, se pasaba más tiempo en la biblioteca que en las clases, sólo asistía a la que los profesores le aportaban algo y le enseñaban de verdad. Sin embargo no quería abandonar, esperaba que aquello cambiara con los años.
Aquel día se dispuso a traspasar aquel túnel interplanetario del trasbordo, y regresó aquella sensación tan particular. Esta vez fue más fuerte, con una especie  de pinchazo en la frente que casi le hace caer. Salió del túnel; pero la sensación no desapareció. En apariencia todo seguía igual; personas caminando hacía su nuevo destino y un metro que los esperaba. Se abrieron las puertas, entró, y ya en la primera parada se dio cuenta de que no era la de siempre, tenía otro nombre. No le sonaba ninguna de las caras que veía, y la gente llevaba una ropa algo extraña y uniformada;  sólo cambiaba el color: pantalones negros como de licra muy ajustados, camisetas azules, naranjas, rojas, amarillas y verdes. Lo que ya le puso en máxima alerta fue que darse cuenta de que ella tenía igual aspecto que los demás. ¿Qué significaba aquello?,  no entendía nada. Observó que la mayoría bajaba en una estación que se llamaba “APARADORES” y decidió imitarlos.
Al salir del vagón, le sorprendió un gran vestíbulo rodeado de escaparates de negocios de todas clases, donde comenzaban a entrar muchos de los individuos que descendieron del convoy. Al  llegar a la calle, la luz del sol casi le ciega por el reflejo de los infinitos vidrios que formaban escaparates de todas clases, como una continuación de la estación del metro APARADORES, un nombre muy apropiado. Todas las personas iban entrando en los diferentes aparadores que encontraban. Y ella ¿hacia dónde se dirigía? Confiaba que lo supiera.
Comenzó a mirar los negocios que se escondían detrás de aquellos aparadores, el primero que encontró se llamaba “REFLEXIONA”, ¿qué raro?, pensó. Vio en el escaparate libros de filósofos: Rousseau, Platón, Descartes y otros más. Más adelante encontró otro que ponía: “SER IMPULSIVO”, con televisiones llenas de imágenes de peleas y guerras. No, ése no era su camino. Continuó, sin parar hasta uno que se llamaba “LA RAZÓN”; dentro se encontraban personas que delante de un micrófono daban discursos cargados de razones, como si la suya fuera la única verdadera. Raquel dio un paso hacia delante y en el último momento decidió retroceder. Siguió su camino hasta otro que decía “ARROGANCIA”, dentro se observaban individuos mirándose a un espejo, rodeados de aduladores. No, tampoco era su opción. Continuó y llegó a otro aparador cuyo nombre era “CORAZÓN”. A través del vidrio se veían personas que  dedicaban su vida a ayudar a los demás, sus caras se iluminaban con una sonrisa que lo decía todo. Este era su sitio, entraría. Se acercó al vidrio sin puerta, aproximó la mano y esta se hundió tras el cristal y su cuerpo fue detrás. De pronto se reconoció de voluntaria en un taller de disminuidos psíquicos, un trabajo duro para el que debía estar bien preparada y ella no lo estaba; aunque lo intentaba, no bastaba el corazón. Lloraba y no se sentía capaz de llevarlo a cabo. Quería salir, se había equivocado. De pronto, una voz le dijo: Cierra los ojos y piensa en desaparecer. Así lo hizo, y enseguida se vio fuera. Aliviada, siguió su camino sin saber cuál sería su destino. Sus pasos se detuvieron en un aparador que decía: “RAZÓN CON CORAZÓN”. Dentro se observaban personas estudiando, y un profesor que les enseñaba conocimientos y valores. No se lo pensó y otra vez atravesó el vidrio; para su sorpresa se encontró nuevamente en el metro, en esta ocasión el de siempre, llegaba a Zona Universitaria, donde como cada día le esperaba su facultad.
Bajó del metro y comenzó a pensar en el mensaje que había recibido, su destino pasaba por continuar los estudios, prepararse bien y dedicarse a los demás como siempre soñó. Le daría una nueva oportunidad a su vida.

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18 comentarios:

Tracy dijo...

Un mundo imaginario, pero todos esos mundos están en este, hay que saberlos encontrar.
Hasta tu vuelta un abrazo.

Montserrat Sala dijo...

Una historia, larga bonita y aleccionadora. Es tu estilo de contar las cosas: con brillantez y sin dejarse detalle.
Me ahgustado mucho.y aprovecho para enviate un saludo y mis mejresdeseosde q paseis unas vacaciosen muy tranquilas y felices

Lois y Clark dijo...

Te agradecemos te hayas sumado a nuestra propuesta. (esperamos que las próximas semanas las disfrutes mucho)
saludos cariñosos

LAO Paunero dijo...

Muy interesante e imaginativo tu relato Carmen!!

Alicia Gonzàlez dijo...

Tu relato me ha resultado muy real, gente que vive en aparadores, es escaparates del cara al publico, una vida externa sin reflexionar sobre su interior. Menos mal que aún queda gente como tu protagonista preocupada por ser y no por parecer. Un besote

Sindel dijo...

Qué buena historia Carmen, todos necesitamos un viaje así para definir nuestro destino. La verdad me sorprendiste, que bien te quedó!!!
Un abrazo enorme.

Cecy dijo...

Una preciosa travesía que la llevo al lugar indicado, donde ella seria quien era dentro de su lugar elegido para seguir perfeccionándose, con todos los sentidos bien puestos.

Feliz vacaciones!
Un abrazo :)

San dijo...

En ese viaje descubrió lo que realmente tenia que vivir ahora, en su presente, para alcanzar su futuro. Muy interesante tu visión Carmen.
Un abrazo.
(Disifruta de tus vacaciones)

Juan Carlos dijo...

Me ha gustado mucho. Ese metro que llega a la estación Aparadores es genial, como esas salidas que explicas.
Me encanta el final, también.
Besos, amiga.

Carmen Andújar dijo...

Gracias Tracy,Montserrat, Lois y licia, San, Cecy, Sindel y Juan Carlos.
Este relato lo hice hace un tiempo, y ahora me ha venido al pelo. En realidad lo mejor que podemos hacer y viajar a nuestro interior, allí lo descubriremos todo
Un abrazo

Leonor dijo...

Es como haber tenido una visión del mundo y del futuro. La estación Aparadores es genial. El final magnífico.

Besos.

Lupe dijo...

Hola Carmen.

Tiene su encanto especial ese viaje en metro hasta la estación APARADORES. Tu protagonista es una verdadera privilegiada a la que se le muestra-de alguna forma- en que ha de emplear su tiempo para un futuro exitoso.

Muy entretenido tu relato. Y con moraleja.

Un abrazo.

Lupe

miralunas dijo...

interesante viaje. interesante aventura. ingeniosa-

saludos!

Alfredo dijo...

Un sueño que es casi una pesadilla, pero una forma de vivir en la ficción y de volver a la realidad con parte de la lección aprendida.
Entretenido viaje por el subsuelo barcelonés.
Besos

Alberto V. dijo...

Uno bonita metáfora sobre cómo cada persona escoge su camino en la vida. Su tren. Su estación. Su aparador. Muy útil. Un saludo.

casss dijo...

Te felicito amiga: TE HAS LUCIDO. Este relato, aleccionador, entretenido y alucinante, me ha gustado mucho, dentro de una tónica diferente a la habitual (me parece).

Disfruta mucho de esos días libres!!

besos

Neogéminis dijo...

Hay que estar siempre atentos/as para interpretar los mensajes que el destino quiera darnos. A veces hay que agudizar mucho el "oido" pero es bueno abrir la mente intentando interpretarlos.
Un abrazo

censurasigloXXI dijo...

Parecía una mala experiencia vivida pero, mira tú, puso orden en sus prioridades. Muy bueno.

Un abrazo y un cafelito.