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miércoles, 15 de mayo de 2013

ESTE JUEVES...RELATO

                   LA FIEBRE DEL ORO

     
El paro llegó a aquella casa,  la madre, María, dependienta durante veinte años, nunca se imaginó cuando empezó la crisis que su lugar de trabajo peligraba; pero las ventas bajaron tanto, que la dueña, pequeña empresaria, no pudo pagarle su sueldo y no tuvo mas remedio que despedirla. Después el padre, Ramón, trabajador de una empresa de construcción, se había ganado muy bien la vida; pero llegó la crisis y todo explotó,  la empresa quebró y todos los trabajadores se fueron al paro.
 Lo ahorros se acababan, y aquello no tenía pinta de arreglarse, no había trabajo y menos para una persona de  más de cuarenta años. María entonces decidió vender aquello que más quería, sus medallas, collares, regalos y recuerdos de sus padres. En los últimos años, las tiendas de empeño y compra de oro, crecían como setas, y como dice el refrán: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. María con los ojos llenos de lágrimas miraba aquella medalla que le regaló su madre, guardada  como oro en paño, ¿cómo la voy a vender? Se decía, la he tenido toda la vida, no es el oro, es más que eso, es mi recuerdo, es mi vida; pero sino lo hago, no podré comer en pocos meses. Se debatió durante largas horas entre su corazón y la razón, pero al final venció la última. Por el camino diferentes individuos se le acercaban ofreciéndole comprar su oro, era como una epidemia. Al final entró en una tienda,  con las manos temblorosas sacó su tesoro y se lo mostró a aquel individuo, que con aire distante miró la mercancía  y le dijo a María:
-Le ofrezco 200 euros.
Ella lo miró  y le contestó:
-          Pero, ¿si costaron mucho más?
-          Lo siento, es lo que le ofrezco.
María bajó la cabeza y accedió.
Salió de la tienda con el dinero y avergonzada de si misma; pero… ¿Qué otra cosa podía hacer? Quizás más adelante… Nunca se sabe.

MÁS ORO; PERO QUE MUCHO MÁS EN CASA DE JUAN CARLOS
  
 

27 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

Es verdad, !se compra oro! en cada esquina, cuervos tasadores compran recuerdos entrañables con pedazos de vida a peso y a destajo.
Como María mucha gente empeña y en ello entrega cachos de sí misma.
Carme, diste con el oro triste y amargo, el que no brilla.
Petons, avui participo, però...després tinc que acabar el començat.

Juan Carlos dijo...

La ley de la oferta y la demanda, dirán unos; la sinvergonzonería de aprovecharse de las necesidades ajenas, realmente.
Si la escena se situara en Madrid nos encontraríamos en los alrdedores de la Puerta del Sol, donde brotan como setas esos comercios.
Triste fiebre del oro la que vivimos en estos tiempos.
Besos.

Montserrat Sala dijo...

Tan real como la vida misma, querida
Carmen. Es una lástima tener que desprenderse de lo más querido, de lo que representa toda una vida de trabajo y de recuerdos. Es una crueldad.
Un abrazo

Carmen Andújar dijo...

Gracias Natalia, me alegro verte por aquí. Gracias Juan Carlos y Monsserrat. Es una pena aprovecharse de la necesidad ajena; pero por desgracia hay mucha gente así.
Un abrazo

Cecy dijo...

La tristeza embarga a todo la familia que por culpa de la realidad de un país, cualquiera sea, vaya quebrando la fuente de trabajo, los lleva a la desesperación por sobrevivir, y el dolor es mas allá de unos cuantos kilates, el dolor, es de las cosas que nos van robando, la dignidad, los recuerdos. A río revuelto como bien dices...

Tu relato me trajo muchos recuerdos de la infancia.
Un abrazo :)

LAO Paunero dijo...

como suele decirse "no todo lo que brilla es oro" Muy real tu relato Carmen!!

Leonor dijo...

A muchos les está tocando vivir esta época con mucho trabajo, más bien sin trabajo y eso los lleva a echar mano de lo poco que les queda. Es doloroso deshacerse de los recuerdos y mucho peor que nos engañen sabiendo la desesperación que nos atenaza. Los usureros siempre se han aprovechado de las gentes en tiempos de vacas flacas.

Un beso.

Lucia M.Escribano dijo...

En mi botxito, estan ganandoles posiciones de poder a las tiendas de chinos, dá igual hacia donde mires, estan por todas partes...Muy triste dejar en manos de personajes sin escrúpulos los recuerdos de toda una vida...Mas dificil si cabe, es vivir en un país qué deja qué sus gentes no duerman, porque no saben qué van a comer mañana...Mientras los de arrriba se bañan en burbujas de oro.
Besos

Sindel dijo...

Que triste tener que desprenderse de esas cosas que tienen un valor mucho más grande para nosotros que lo material. Pero a veces sucede que debemos hacerlo para poder seguir adelante, quizás el tiempo se la devuelva, las vueltas de la vida nunca se saben.
Un beso.

Valaf dijo...

Me has partido el corazón con tu relato, casi casi podía sentir la angustia de María.

Un beso

Mar dijo...

Duele una situación así. Pero mejor eso que lanzarse a otras cosas como robo o vete tu a saber.

Bss.

Neogéminis dijo...

No hay precio digno para el amor y el recuerdo, y el oro, en los momentos de desesperación, suele aparentar ser una salida, pero el engaño dura poco.
Una realidad muy dolorosa la que nos cuentas y lamentablemente la vemos muy de cerca.

un abrazo

Tracy dijo...

"La casa de la tita Piedad", como se le llamaba a la casa de empeño aquí en Andalucía. ¡Cuántos dramas tras esos empeños!

juliano el apostata dijo...

este es mi comentario, carmen...
http://www.rtve.es/noticias/repor/
quizá hasta lo hayas visto...
medio beso.

Carmen Andújar dijo...

Gracias Cecy, Gus, Sindel, Lucia, Leonor, Valaf, Lao, Mar , Neo y Tracy. Yo también había oido hablar de las casas de empeño hace muchos años, y mira, ahora volvemos a lo mismo
Un abrazo

Fabián Madrid dijo...

El oro aparte de poder ser utilizado como dinero sirve para otras cosas que no siempre son buenas. UN beso.

G a b y* dijo...

Se me estrujó el corazón! La necesidad a veces, nos lleva inevitablemente a sopesar las cosas tirando para el lado contrario que al de nuestro corazón. Es una pena, pero también es comprensible.
Muy emotivo tu relato Carmen.
Besos! Y lindo fin de semana!
Gaby*

San dijo...

La necesidad a veces obliga a desprenderse de aquello que no puede tasarse, desprenderse es dejar un trozo de vida, pero para muchas personas no cabe otra solución. Tan triste!!!.
Un abrazo.

Lupe dijo...

Hola Carmen.

Muy bien llevado este relato que pone de manifiesto una triste realidad palpable en nuestros días. Aterra pensar los que están «haciendo el agosto» a costa de malpagar objetos de valor de personas que se ven forzadas a venderlos para comprar comida. Para comprar comida...Así de duro y así de real.

Un abrazo.

Lupe

Charo dijo...

Una buena historia por desgracia a la orden del día.Cuánta gente habrá tenido que hacer lo que la protagonista!Besos

ibso dijo...

Yo no tengo oro que vender, con o sin recuerdos. Por lo demás, igual que tu protagonista.
Son tiempos de sobrevivir para la mayoría y de hacer el agosto para unos pocos (incalificables).
Me gusto tu relato.
Un abrazo

Pepe dijo...

Carmen, hemos coincidido plenamente en el planteamiento del relato. Lamentable tener que acabar venciendo recuerdos que son trozos de vida, para poder sobrevivir.
Un abrazo.

Carmen Andújar dijo...

Gracias Fabian, Gaby, Pepe,Lupe,San Charo y Ibso. Por desgracia, hay gente que lo está pasando muy mal y no tiene más remedio que desprenderse de lo que más quiere.
Un abrazo

miralunas dijo...

qué tristeza tan grande me ha causado este relato.
y sabes que acá en buenos aires, han empezado a surgir los compradores de oro. que me asustan más que el dólar paralelo, porque la compra de oro es mas dolor para los pobres, si.
un abrazo!

casss dijo...

Como siempre, tu relato bien llevado, tiene una cuota de realidad y dureza que nos conmueve muy intimamente. Nos duele la historia y sus personajes, porque nos vemos reflejados con absoluto realismo.

Un gran abrazol

Matices dijo...

Así está pasando, la gente empeñando para poder comer. Lo cierto es que se desprenden de cosas tan importantes como sus recuerdos más importantes.
Una pena

Besos

rosa_desastre dijo...

Hoy eres reportera de la actualidad mas triste donde se compra oro en muchas esquinas, donde se venden historias que sangran...
Un beso