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miércoles, 22 de febrero de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO


ME OCURRIÓ ALGO EXTRAORDINARIO



Yo soy una persona tan normal, que la verdad, no me ha ocurrido nada prodigioso. Por eso basándome en una historia que leí, novelándolo un poco, la he convertido en el relato que ahora os cuento.

Antonia se había hecho mayor, no lo quería reconocer pero era así, hacía dos años que se jubiló como maestra, y francamente se sentía inútil. Toda la vida trabajando educando niños, no sabía hacer otra cosa, y ahora se acabó. Si, se apuntaba a cursillos y conferencias varias; pero no era lo mismo.

De joven no se casó con aquel pretendiente que le fue detrás unos cuantos años, al final el pobre se cansó y ahora ya tenía nietos. A ella no le gustaba, por muy bueno que fuera y todas sus amigas le dijeran que no lo dejara escapar. Ellas no la conocían tanto como se pensaban, estaba claro que no le pegaba en nada, era demasiado formal, no le gustaba viajar y a ella si, sólo le apetecía estar en casa viendo la televisión comiendo patatas fritas, vaya aburrimiento. Después vino otro del que se enamoró de verdad ; pero en este caso él se cansó y se fue con otra más joven. Lo pasó muy mal, y le costó superarlo, desde entonces, no quiso saber más de los hombres, lo principal era su profesión y se volcó en ella, no existía nada más, incluso dejó de salir con las amigas, la veían de tanto en tanto, cada vez se volvió más extraña, y más maniática, tanto, que la fueron dejando de banda poco a poco hasta quedar sola, muy sola.

Aquel día salió a pasear como hacía cada tarde cerca del colegio donde tantos años ejerció su profesión; echaba de menos el griterío de aquellos niños al salir de la escuela. Mientras otras personas buscaban el silencio, por necesidad, por tranquilidad, para mitigar el estrés del día a día. A ella el silencio la deprimía, la sentía como una losa de la que le era muy difícil despegarse. El jaleo de aquellos niños le llenaban de energía que le ayudaba a sobrellevar la soledad que le invadía, los miraba, les sonreía y era feliz. Salían como siempre en manada y corriendo, y ella los observaba. Precisamente esa capacidad de observación le hizo evitar una desgracia. Muchos pasaban casi sin mirar los coches, pero como eran mayorcitos, reaccionaban a tiempo y se apartaban; sin embargo uno pequeño, de unos cinco años más o menos se soltó de la mano de su madre y se lanzó a cruzar la calzada sin mirar. El coche confiado llevaba su rumbo y porque no decirlo iba un poco rápido. Ella desde el otro lado de la calle se imaginó la escena y en su cabeza vio el atropello inminente. Sin pensárselo y como si alguien o algo le empujara fuerte, se lanzó de un salto sobre aquel niño, tirándolo al suelo y apartándolo del peligro. El coche frenó pero no alcanzó a ninguno de los dos. Cuando Antonia se percató del salto que dio para alcanzar al niño, no se lo podía creer; pero si, hizo aquel prodigio y salvó al niño. La madre asustada y chillando, llegó corriendo y levantó a su hijo y a la pobre mujer del suelo, sin apenas creer que el niño se salvara de un atropello seguro. Todos los demás niños aplaudieron a rabiar, anonadados ante lo que vieron sus ojos, y a Antonia la convirtieron en la mujer más feliz del mundo al menos por unas horas, y eso, no se pagaba con nada. En realidad ni ella misma sabía que fuerza la empujó a realizar aquel salto prodigioso; pero daba gracias por ello, porque de seguro que a partir de entonces le cambiaría la vida.

24 comentarios:

MARU dijo...

Carmen, cariño. Sí que es una historia extraordinaria. Nos podría haber pasado a todos...Creo que nadie sabe de lo que es capaz, hasta que no está en situación...
Cuando además, se trata de niños, creo que todos saltamos con el mismo resorte. El de la protección...hasta en los animales, los cachorros son los más cuidados de la manada... Buen ejemplo, bien contado.
Gracias por participar, querida amiga.

Verónica Marsá dijo...

Eso dicen, que las personas son capaces de prodigiosas acciones en momentos de necesidad extrema. Me chifló leer el final!

Gracias, compi.

Un besito y un café.

Susurros de Tinta dijo...

¡Ole!, ¡ole! y ¡ole! por Antonia, jajaja, eso se llama un chute de adrenalina en toda regla, su vida monótona necesitaba de un empujón, jejeje, miles de besosssssssssssss

Neogeminis dijo...

Extraordinario papel que le tocó jugar a esta mujer que entregó su vida por los niños y su profesión de educar. Su ejemplo de arrojo seguramente habrá dejado huella en la memoria de todos quienes la vieron.


un abrazo.

Wendy dijo...

Hola Carmen.
Muchas veces, en los sinentidos de nuestras vidas, encontramos algun chispazo que nos hace heroes, para nosotros o para los otros. El acto de Antonia la sacó , asi fuera por un instante, de su marasmo. Y eso cuenta
Besos
Wendy

Carmen Andújar dijo...

La verdad es que fue un acto de heroicidad, y eso nos cambiaría a todos. Nunca sabemos como podemos reaccionar ante estos casos y nosotros mismos nos sorprendemos de nuestra reacción
Un abrazo

gustavo dijo...

dos aspectos, media esposa...
el final dice aquello de que DE SEGURO QUE LE CAMBIARÍA LA VIDA, poco más o menos...
el otro...describes a una maestra tan sola que ni ese gesto de valiente podría haberla salvado a ella...
curioso, no, susus? una tipa capaz de hacer una proeza como esa,pero incapaz de salvarse a ella misma...
por qué?
misterios de la humana existencia...aunque, en realidad , no es tanto misterio: en todo tipo humano reside la capacidad de arruinarse por un lado y, por otro, la capacidad de salvar a los demás..la humanidad en singular es contradictoria...
medio beso, susus..

gustavo dijo...

joderse, carmen, ya estaba yo por ir a donde la agüela para decirla que el enlace tuyo está máll...jajajja. el enlace que está mal son mis ojos no te jode¡¡¡...
resulta que pincho tuenlace, sí,pero leía por equivocación, el nombre de susus...
más esto no es causa para que borre el comentario que he dejado, pues donde ponga susus o media esposa, hazme el favor,pon carmen andújar, la guapa...
medio beso...

Carmen Andújar dijo...

Vale Gus. Los caminos de la persona humana son impredecibles, Se encerró en si misma y en su profesión, que era lo más importante de su mundo, por eso supongo reaccionó como reaccionó.
Un abrazo

José Vte. dijo...

Ójala y que después de ese acto de heroicidad, Antonia sepa ver la vida de otra manera y comprenda que la felicidad viene por darse a los demás y que la soledad unicamente trae depresión y tristeza. Esa también es otra historia extraordinara.
Una buena historia.

Un abrazo

Pepe dijo...

El instinto protector, el instinto maternal se puso, una vez más, de manifiesto en ese prodigioso salto, incrementado más, si cabe, por esa vocación de maestra que la hizo estar toda su vida cerca de los niños y alerta ante sus imprevisibles reacciones.
Verdaderamente, un momento excepcional.
Un abrazo.

maria jose moreno dijo...

Tuvo su momento de gloria por valiente. No me extraña que nunca lo olvidara. Creo que en esos momentos el estrés se convierte en reto por eso hacemos cosas impensables,
Besos amiga

El alma de Venus dijo...

Carmen,algunas maestras de vocación se sienten tan llenas, con la labor que hacen durante toda su vida, que pueden olvidarse de formar una familia,quiza sea porque tienen l@s niñ@s de otr@s a diario a su lado,nunca sabemos de que extraordia fuerza nos empuja cuando esta en juego la vida de un niñ@,a Antonia quiza la sirvió, para alejarse de su soledad, ojala besos dulces....Lucia.

Carol dijo...

Bien por Antonia, llevaba una heroína dentro sin saberlo y cuando llegó el momento adecuado o propicio le salió de dentro sin pensarlo dos veces.

Extraordinaria la forma de hacernos ver que todos en situaciones así podemos dar mucho de nosotros mismos sobre todo porque la protagonista de la historia tiene muy buenas cualidades que ni ella sabía valorar.

Me encató Carmen.

Un abrazo.

Encarni dijo...

Salvar a alguien siempre es un acto heroico, y en esta situación ese empujón fue también para ella, ahí está la moraleja; actuar para salvar, y salvarse. Su vida a partir de aquí tenía sentido, estuvo en el lugar adecuado para ayudar al chico.
Está muy bien contado.

Un beso.

Liwk dijo...

Excelente jueves, Carmen. A veces siento que llevo a una Antonia dentro, a punto de saltar. Gracias por compartirlo.
Un beso.

Teresa Cameselle dijo...

Tiene mucho futuro esta historia que cuentas, me imagino varios caminos que puede tomar la protagonista después de tal suceso, incluso la veo convertida en superheroína ayudando a niños, mayores y necesitados, volcando en ellos su necesidad de cariño y compañía. Ojalá le vaya bien.
Un beso, Carmen.

San dijo...

En una ssituación extrema no se piensa, se actua como hizo esta mujer, heroina por un día o por el resto de sus días.
Buena experiencia inolvidable.
Un besito.

Carmen Andújar dijo...

Gracias José, Mª José, Teresa, Encarni, Carol,Pepe, Alma, Lick y San. Tal vez su camino continuara, siendo una superheroina, nunca se sabe, pero que le cambió la vida, seguro.
Un abrazo a todos

Sindel dijo...

Carmen me gustó mucho tu historia, no importa que no sea personal, es muy linda, y extraordinaria.
Un abrazo

Juan Carlos dijo...

He vivido dos situaciones similares, ambas en la rampa mecánica del antiguo Pryca de Lleida. Se atora u carro al final de la rampa, todos seguimos bajando y un niño está en peligro de quedar atrapado entre los carros. Y alguien, no se sabe ni como, llega a pulsar botón de parada y resuelve la situación. Una de las veces una madre debió de sobrevolar a unos dos metros de personas con carritos para llegar. Increible pero cierto. Cuando hace falta, sacamos unas capacidades inimaginables.

alfredo dijo...

Extraordinario e inolvidable, efectivamente lo es.

Una historia contada con sencillez, pero que deja de manifiesto comportamientos heróicos.

Besos

CAS dijo...

Lo más extraordinario de tu relato, es su comienzo."Yo soy una persona tan normal, que la verdad, no me ha ocurrido nada prodigioso"
No es común que la gente se confiese tan francamente. Eso me arrebató!!! El resto de la historia, simplemente me encantó.
Besos!

Carmen Andújar dijo...

Gracias Sindel, Juan Carlos, Alfredo y Cass. Es verdad, nunca me ha ocurrido nada prodigioso, si, algo inolvidable como el nacimiento de mis hijas; pero poco más; pero ahí está la imaginación para resolver el entuerto.
Un abrazo