Carmen era una mujer fuerte, siempre había sacado su familia adelante cosiendo. Aquella máquina de coser aguantaba, vaya si aguantaba, a pesar de tanto trote. Una época bastante triste, justo acabada la guerra, en la que no se daban las condiciones adecuadas para que una familia pobre se ganara bien la vida. Era necesario trabajar mucho y eso es lo hacía Carmen, con dos hijos pequeños que no entendían lo que ocurría y solamente querían comer.
Aquella máquina era como una amiga para ella. Su rueda tenía un tacto tan suave que, cuando pasaba su mano sobre ella, sentía algo especial. Llevaban tantos años juntas que si alguna vez se estropeaba parecía que le cortasen un brazo; hasta que no se la arreglaban no se quedaba tranquila. Siempre que daba las primeras puntadas, un cosquilleo subía por su estómago, que no se le pasaba hasta acabar la primera pieza; no lo podía evitar.
Ahora su hija conservaba aquella máquina, y cada vez que la miraba se acordaba de su madre, cuando cosía pantalones y se pasaba horas y horas sin levantar apenas la cabeza. Fueron esos años de tanto trabajo que le produjeron aquellos dolores terribles de espalda que más tarde desembocarían en su muerte. Le traía tantos recuerdos, con su forma estilizada, su brillantez, que más que un instrumento práctico parecía una auténtica obra de arte. Y así la contemplaba, conservando una parte de su madre reflejada en ella, que perduraría toda la eternidad.
15 comentarios:
Hola Carmen. Sí, las máquinas de coser, marcaron una época. Y tienen ese sabor a ayer, entrañable. ¿La pintura es tuya?
Un beso
Pués si Celia todas las pinturas que ves son mías. Gracias por pasarte por aquí.
Un beso
Pués si Celia todas las pinturas que ves son mías. Gracias por pasarte por aquí.
Un beso
Una lección de vida el post, tu pintura muy bella y acorde con la historia de muchas Carmenes en el mundo que han vivido situaciones semejantes, para poder sacar a su familia adelante, y el instrumento de trabajo llega a convertirse en amigo, confidente, y parte imprecindible del hogar.
Un abrazo caluroso lleno de Sol y de Luna.
Tienes un premio para ti en nuestro blog, puedes pasar a recogerlo.
Un abrazo.
Mi abuelo, que no conocía, era sastre y le dejó a mi madre una "Singer" que ni te imaginas las veces que desmonté. De pequeño, todo lo que se podía desmontar, radios, relojes, etc., todo pasaba por mis manos. Y mis dedos, un día me quedé preso a la dichosa máquina de costura; atravesé un dedo con la aguja y no veas como gritaba...
Bikiños, Carmen.
Gracias Sol y Luna, me alegro que te guste mi pintura.
Jesús gracias por tu premio, ya me he pasado por tu blog; pero no ha salido mi comentario.
XoséAntón gracias por tu comentario. la verdad es que estas máquinas son preciosas y una verdadera obra de arte.
Un abrazo a todos.
Hola Carmen. En el blog de Javier Ribas siguen adelante con su libro solidario y ahora buscan ilustrador/a. Si te interesa pásate por allí:
javierribas.blogspot.com
Gracias Teresa por acordarte de mí. Enviaré un relato. En cuanto a lo de ilustrar, me tendré que informar bien.
Un abrazo
Hola, Carmen:
Es agradable pasar por tu blog. Tus pinturas tienen ese encanto de tiempo que nos trae aromas y recuerdos. Además,bien acompañadas por el texto. Un brindis único.
Un guiño para ti.
Mercedes.
Carmen, mi madre vendió una maquina de coser superantigua que tenía mi abuela. Fue un acto absurdo que no comprendí en cuanto me lo contó.
Gracias por regalarnos estas historias y estas pinturas,
Besos
Juanma
Gracias Mercedes a ti también por pasarte por aquí.
Gracias Juanma, hacia días que no te veía por aquí. Siempre me han gustado estas antiguedades prácticas, son verdaderas obras de arte.
Un beso a los dos
Siempre qu veo una máquina como esta, me acuerdo de mi abuela. Se pasaba tanto tiempo delante de ella...
Preciosa la historia y la pintura. Esto sí que es mezclar arte.
Un beso.
Hola Carmen, vine a desearte que tengas un feliz fin de semana.
y a dejarte un abrazo lleno de sol y de luna.
Gracias Estela por pasar por aquí. Es cierto que una máquina como esta evocan muchos recuerdos del pasado; pero no como nostalgia, sino para saber un poco nuestros orígenes.
Sol y Luna para ti también te deseo un buen fin de semana.
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