MI ASPECTO, MIS COSTUMBRES...
Ahora que estamos acostumbrados a un mundo globalizado cuesta menos aceptar al semejante aunque sea de diferente raza; sin embargo, me acuerdo cuando hace veinte años veías una persona de color, hasta parecía exótico. De todas maneras, aún no entendemos lo que se sale de nuestras costumbres, lo vemos como algo raro, fuera de lugar; e incluso personas de nuestro mismo país, con las que estamos hartos de confraternizar, como los gitanos, su aspecto, tan diferente al nuestro, nos hace desconfiar. No entendemos su manera de ser, y cada vez que vemos a uno de ellos pensamos en los tópicos: la guitarra, el flamenco, la holgazanería...; en fin, lo que siempre hemos oído decir a los que nos rodean. Entonces nos ponemos en guardia, a la defensiva, sin comprender sus hábitos, tan diferentes a los nuestros. Queremos hacerlos cambiar y ellos son como son, igual que nosotros. Con los inmigrantes nos pasa lo mismo, y de ahí vienen los choques, tenemos miedo a lo diferente y eso es lo que nos hace ser un poco racistas y desconfiados. No nos damos cuenta de que, como nosotros, hay de todo en la viña del señor, bueno, malo y regular. Yo, no me creo mejor que ninguno de ellos, soy una mujer, madura, no muy alta, muy blanca de piel y un poquito rellenita. Mis costumbres son de lo más sencillas; trabajo, familia y un poco de ocio, como tantas otras personas de aquí y seguro que de otros pueblos. Y también mis prejuicios, sobre todo debido a la educación recibida; pero estoy convencida de que, poco a poco, el abrirme a nuevos horizontes me hará cambiar la manera de ver las cosas, conseguiré percibir a los demás de otra manera a como lo he hecho hasta ahora, y seguro que me sentiré mejor.





