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viernes, 4 de junio de 2010

SÁBADOS LITERARIOS DE MERCEDES


CONVERSACIONES CON DIOS


Dios mío, tengo muchas cuestiones en la cabeza que quisiera me resolvieras;
aunque no estoy muy segura que me las puedas contestar todas. Ya sé que tú eres Dios
y yo una simple mortal; pero como mis preguntas son simples quizás tus respuestas
también se puedan acercar a mi comprensión.
Dios, con voz profunda le respondió:
—Bien, pregunta; aunque no te garantizo que mis respuestas te dejen contenta.
—Me gustaría saber por qué existen muertes tan injustas.
—Mira, hija mía, todos venimos a este mundo con una misión que se debe cumplir
a corto o a largo plazo. Una muerte puede parecer injusta, sin embargo esa persona de
bien seguro ha cumplido con lo que ha venido a hacer en el mundo. Es algo que para ti
es difícil de comprender, pero todos tenéis vuestro destino escrito.
—¿Incluso los niños?.
—Si, ellos también vienen con una misión debajo del brazo. Es verdad que es muy
duro para sus padres; pero ese niño sigue estando con ellos, en otro plano, es verdad;
aunque seguirá guiándolos en toda su vida. Tú ya sabes que esta vida es un tránsito
hacia otra que será eterna.
—Ya, pero tienes que entender que los humanos nos aferramos a lo que podemos
tocar, si lo que me dices no se toca, es poco creíble. Si está en otro plano, su acceso es
imposible.
—Es verdad, sois tan materialistas... Es lo que os pierde, os quedáis en la
superficie. Por eso yo te digo una cosa, tú busca y encontrarás; pero no fuera de ti, sino
dentro. Con constancia y tenacidad, primero conseguirás encontrarte a ti mismo, y
después me encontrarás a mí.
—Ya, eso es muy fácil de decir y difícil de hacer.
—Nadie dijo que la vida fuese fácil.
—Bueno, otra pregunta. ¿Y las guerras? ¿Tú no puedes hacer nada?
—Yo no he de intervenir en nada vuestro. Esas guerras las provocáis vosotros. Por
el egoísmo, el poder, la ambición y la soberbia. Debéis luchar por evitarlas, no habéis de
desfallecer. Piensa que he enviado muchos mensajeros, Jesús, Gandhi y tantos otros;
pero vosotros los humanos los matasteis, hay mucha perversidad en vuestras mentes, el
mal disfruta de mucho poder y mucha capacidad de convicción; en cambio el bien, ser
buena persona, no atrae, a veces se confunde con ser tontos. No, yo no puedo intervenir.
—No lo entiendo. Tú, ¿no tienes poderes? A veces los haces servir.
—Pocas, y nada más en caso de necesidad extrema; pero como puedes comprobar
no tengo por eso más adeptos. No, yo os dejé aquí para que construyerais un mundo
mejor; aunque las cosas no han salido del todo bien; sin embargo, no pierdo la
esperanza, sé que unos cuantos de vosotros lucháis y tarde o temprano recogeréis los
frutos.
—Vale, no lo acabo de entender; sin embargo creo que no me queda más remedio
que asumir lo que nos ha tocado vivir, y ya que tú no nos ayudas mucho, intentaré poner
mi pequeño grano de arena para cambiar este mundo, aunque sea un poco.
—No te preocupes, cuando estés cansada de vivir, piensa en mí y yo te daré la
fuerza para continuar en la lucha de cada día.

viernes, 7 de mayo de 2010

UN MOMENTO EN EL TIEMPO



Para mí, el esfuerzo es muy importante para conseguir nuestras metas, es lo que yo intento inculcar a mis alumnos. Si uno quiere conseguir algo ,no basta con quererlo, se ha de esforzar para lograrlo. Esta balada de Whitney Houston, a parte de ser preciosa, le acompañan unas imágenes que hacen que te llegue a lo más hondo del corazón, y que pienses que, en sólo un instante puedes llegar a alcanzar la gloria, y entonces, nada más importa, disfrutar de ese segundo donde con la punta de los dedos tocas el cielo.

viernes, 23 de abril de 2010

EL CASTILLO



Como hoy, es el día del libro, que mejor regalo que un relato. Aquí os dejo mi último cuadro y el relato que me ha inspirado.


Sonó el teléfono. Al otro lado del hilo una voz potente dijo
-Tu y yo tenemos que arreglar cuentas. Esta noche te espero en el puente de la ciudad, a las nueve en punto, sino vienes, vendré a buscarte.
Ramón tenía miedo; pero no le quedaba más remedio que ir; aunque sabía que estaba perdido. Nunca pensó que su llegada a esta ciudad le reportaría tantos problemas. Al principio todo era muy bonito; pero el dinero pronto se acabó y los pocos trabajos que tuvo la suerte de encontrar le duraron cuatro días; el alquiler no esperaba y la casera le había dejado claro que, o pagaba, o su estancia en aquel piso tenía los días contados, por lo que sin pensárselo mucho decidió acudir a una persona de poco fiar. Enseguida obtuvo el dinero; pero también una piraña que a partir de ahora no le dejaría vivir tranquilo. No se dio cuenta de la clase de tipo a quien acudía para arreglar sus problemas económicos, y ahora, después de varios últimátums, su vida corría peligro. Arrastrando los pies, su cuerpo se fue acercando a aquel puente, porque su mente se encontraba muy lejos de allí. Un tipo con cara de pocos amigos le esperaba, unos ojos con una mirada llena de ira observaba como se aproximaba. Cuando llegó a su altura le dijo con voz amenazadora:
-¡Supongo que traes el dinero!.
-No he podido conseguirlo todo, es imposible.- respondió tímidamente Ramón.
En ese momento sabía que este individuo jamás aceptaría parte del dinero, había firmado su sentencia de muerte. Aquel hombre no dijo ni palabra, lo miró fijamente con el entrecejo fruncido, sacó un puñal y con un movimiento rápido lo hincó en el estómago de Ramón, que con los ojos desorbitados cayó al suelo de rodillas, su mirada quedó clavada en aquella cúpula señorial de la catedral de Salzburgo, si aquella cúpula, -símbolo de otro tiempo- que fue lo primero que vio cuando llegó a esta ciudad, y que le hizo trasladarse a otra época donde quizás, ahora podría volver, y al fondo, en lo alto de la montaña, el castillo, como dueño y señor de toda la villa y de su propia vida, que ahora se escapaba dejando el último suspiro en aquella fortaleza soñada.

viernes, 9 de abril de 2010

SÁBADOS LITERARIOS DE MERCEDES



DIÁLOGO DE ZOMBIES

Fui a aquel cementerio atraído por un espectáculo morboso a punto de comenzar. A las doce en punto, unos muertos se levantarían de las tumbas; pero no todos, sólo cuatro, precisamente dos fueron actores en vida y otros dos, unos malhechores.
A la hora exacta comenzaron a salir los susodichos de sus respectivos sepulcros; auténticos zombiEs, o sea muertos vivientes. Primero se quitaron el polvo que llevaban encima y empezó la charla:
—Oye, Mario, ¿nos vamos al pueblo a asustar a todos esos pringaos?
—Vale, Toni; pero con clase, que la última vez se formó una que no me gustaría repetir.
De pronto intervienen los otros dos, que han salido un poco más tarde.
—Tío, nos apuntamos a la marcha.
—¿Quiénes sois vosotros?, ¿quién os ha dado vela en este entierro? —preguntó Toni.
—¿Qué dice este pavo? Somos como vosotros y si nos da la gana vamos —repitió aquel tipo, feo con ganas.
—Nosotros no os conocemos de nada y no admitimos intrusos en nuestro club; así es que fuera de aquí —dijo Mario.
—¿Has visto, tronco? Se creen algo este par de imbéciles —sentenció el ladrón.

La cosa se ponía fea, quería irme; sin embargo, los pies no me dejaban, necesitaba ver como acababa todo esto.
Los dos malhechores se acercaron a los otros dos con aires amenazadores.
—¿Quién decís que nos va impedir ir al pueblo?
—¡Nosotros! —respondieron con voz potente los actores.
Se abalanzaron unos sobre los otros y se dieron tantos mamporros que cayeron como muertos —bueno, como ídem—, y yo me marché muy decepcionado.

sábado, 27 de marzo de 2010

CRUJIENTE



Llevaba un año independizada y aun no me acostumbraba. Toda la vida dependiendo de mamá no podía ser. Cuando tuve mi primer trabajo pensé que era el momento. Después de buscar varios pisos de alquiler y calcular lo que me quedaría para mis gastos, me decidí por uno en Badalona, ni muy lejos ni muy cerca de mis padres. Cuando les di la noticia no se lo tomaron muy bien; aunque por fin lo entendieron, era suficientemente mayor para tener mi propia vida. Lo peor de ser independiente son las faenas domésticas, limpiar, lavar, planchar y sobre todo cocinar, ¡ay si, cocinar! No sabía hacer nada, ni un simple huevo frito, y la verdad, es que cuando llegaba de trabajar, estaba tan cansada que no tenía ánimos para guisar, comía cualquier cosa que encontraba en la nevera. Esto de ser ama de casa era peor de lo que me imaginaba. Después de cumplir dieciséis años no quise seguir en aquel instituto, ¿estudiar?, ¿Para qué? Trabajaría, me ganaría la vida, y me podría comprar toda la ropa que quisiera, e iría a la última. Mis padres me daban muy poco dinero, después de las malas notas que traía, decían que si no cumplía con mi deber, no tenía derecho a nada. El problema fue cuando comencé a buscar, la cosa no era fácil, pasaron meses y meses y la situación no cambiaba, en todos los sitios me exigían el graduado, y yo fui incapaz de sacarlo; sin embargo, después de un año sin resultados, decidí volver, y al final lo conseguí y además continué estudiando; aunque no quería renunciar a buscar un trabajo. Ahora trabajaba y estudiaba; era duro; pero valía la pena. Después de muchos meses sin apenas relacionarme con mis padres, un buen día llamé a mi madre y acepté su invitación para ir a comer. Cuando llegué a casa, un olor a pan recién hecho me empezó a evocar épocas pasadas, a mi madre siempre le había gustado preparar su propio pan, y eso era una de las cosas que más echaba de menos. Allí le estaba esperando, redondo, con una corteza crujiente, y un color ocre que le daba un aspecto muy atractivo. Me senté en la mesa y empecé a degustar aquella comida casera a la que siempre le di poquísimo valor, supongo que por la cotidianeidad del día a día; pero después de tanto tiempo sin saborearla comenzaba a valorarla. Un bizcocho esponjoso con un horneado perfecto, fue el colofón a aquella velada, que se alargó hasta bien entrada la noche. Cuando me despedí, les prometí volver más a menudo a visitarlos y saborear aquel pan que tantos recuerdos despertaron en mí.

martes, 9 de marzo de 2010

¡QUÉ NEVADA!





Lo de ayer fue como dice Bisbal "ALGO INCREIBLE". Hacía más de veinticinco años que no veía una nevada como la de ayer, en mi pueblo Santa Coloma de Gramenet. Cuando salí de casa creía que estaba en Andorra, árboles blancos, calles con un palmo de nieve, los niños tirándose bolas, en fin, una verdadera postal de navidad en casi entrada la primavera. A pesar de todo esto tan bonito, también existen los inconvenientes, los resbalones, los coches patinando, y lo peor, los transportes públicos sin funcionar. Todo esto convirtió la ciudad en un verdadero caos. Y es que no estamos acostumbrados a estas cosas, porque, ¿quien se esperaba a las nueve de la mañana-que simplemente llovía un poco- que acabaría el día como acabó? De todas maneras cuando pasen unos cuantos meses siempre nos acordaremos de lo bueno, y de lo bonito que fue aquel día que cayó "La gran nevada"

viernes, 5 de marzo de 2010

SÁBADOS LITERARIOS DE MERCEDES



PERDIDA EN LA GRAN CIUDAD

A Laura no le gustaba mucho ir en coche por Barcelona, el aparcamiento estaba fatal y además le costaba reconocer las calles; aquel día no tenía más remedio que decidirse y cogerlo, iba cargada de libros y material para las oposiciones, el camino lo conocía muy bien y tenía entendido que donde realizaban la prueba era posible aparcar. ¡Pobre ilusa! Nerviosa, pero animada en aquella jungla de asfalto llena de coches, agarra el volante con decisión y va sorteando a todos aquellos coches que parecen estar en una carrera de fórmula uno. En cada semáforo, los rugidos de los motores son atronadores, preparados para salir a toda mecha cuando éste se abre. El momento más fulgurante es cuando se cruza la calle Aragón con la Diagonal, hay tal cantidad de automóviles que asusta de verdad; aunque una vez pasa este obstáculo, todo va como la seda. Por fin ya está en la calle Carlos III y llega al centro. Sin embargo, ¡oh, desilusión!, el vigilante le indica la imposibilidad de aparcar dentro y que se busque la vida. ¿Y ahora qué? No tiene ni idea de dónde ir, y comienza su odisea por la gran ciudad; vueltas y vueltas, cinturón de ronda arriba, cinturón de ronda abajo, llega a la altura del campo del Barça, Ya no puede más, baja del coche y comienza a preguntar y preguntar. Después de tantas peripecias, consigue volver al punto de partida y, con una cara de lo más compungida, le pide al vigilante que le permita aparcar. Éste, tocado en su fibra sensible, se compadece y se lo permite.
Menos mal que, como dice el refrán: “Bien está lo que bien acaba”. El examen fue bien y para celebrarlo se fue con sus amigas a la Plaza Cataluña; en concreto a pasear por las Ramblas. Y después a relajarse en uno de los tantos chiringuitos que te encuentras a lo largo de ellas, allí se divirtió y acabó por olvidar toda aquella aventura, que ojalá nunca más volviese a repetir.