IN FRAGANTI
La canción de Rafaela Carrá me ha
inspirado para este relato.
Mario viajaba mucho, trabajaba en una conocida multinacional que semana si
y semana también lo enviaba a diferentes sucursales esparcidas por el mundo. No pasaba muchos días, no le
gustaba estar fuera de casa, se aburría, esas reuniones largas y pesadas, los
hoteles, se sentía solo, tenía ganas de regresar y estar con su esposa. En uno
de esos viajes, la reunión se adelantó un día, cosa que le alegró en
sobremanera; decidió volver a casa antes de lo previsto; pero no le dijo nada a
su esposa, le quería dar una sorpresa.
El momento se acercaba, podían ir a cenar para celebrarlo, nunca tenía
tiempo, ésta era una buena oportunidad, de paso le llevaría un ramo de
flores y unos bombones. Llegó con el
coche desde el aeropuerto en media hora. -Vaya
por Dios, el ascensor se había estropeado, que casualidad. No tenía ganas
de andar; pero bueno ¿qué más daba unos cuantos metros más? Por fin en casa,
entra y llama a su mujer.
- ¡Clara,
sorpresa, ya he regresado¡
Al fondo se oye ruido de conversación, la voz de Mario vuelve a llamar a
Clara con tono interrogativo. Después de tres o cuatro llamadas, Clara sale de
la habitación algo nerviosa.
-¿Cariño te adelantaste?
- Si, avanzaron la reunión un día, ¿no te alegras de verme?
- Si, claro, es que no me lo esperaba
Mario empezaba a esta un poco mosca y se fue acercando poco a poco a Clara
que agarrada al marco de la puerta bloqueaba la entrada a la habitación. Con
suavidad la desplazó y encontró la cama revuelta. Ella le comentó que no se
encontraba bien y se había echado un rato; pero no, no coló, las gotas de sudor
le bajaban lentamente de la sien y se resbalaban suavemente por su cara; pero
aunque parecía perdida decidió ir al ataque.
-¿Qué te pasa? ¿No me irás hacer el papel de marido celoso?, porque no te
pega nada
-¿Y qué es lo que me pega según tú?
-Dímelo tú, que lo sabes todo, como soy, como me siento. Tú no sabes nada.
- Ya veo, me empiezo a dar cuenta
Mario que era muy perspicaz observó que Clara miraba mucho a su derecha,
así que sin hacerle demasiado caso y como el que no quiere la cosa, abrió de
golpe el armario y un tipo ridículo semidesnudo cayó al suelo.
Clara enmudeció y Mario sólo supo decir:
- Tienes razón,
yo no se nada, porque ni podía sospechar lo que hacías mientras viajaba; pero
ahora lo he entendido todo.
Mario salió corriendo dando un portazo con su ramo de flores y sus bombones,
nunca más volvería, todo este tiempo estuvo ciego y ahora por fin recobró la
vista.
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