Nos hemos quedado sin nada.
Tantos años luchando por tener una casa, una simple casa y ahora, se acabo,
todo reducido a escombros; aunque hemos de dar gracias, ¿por qué? ¿Porque
estamos vivos? No sé, yo no quiero vivir así,
no es vivir. Un mes desde el terremoto, y aún estamos en los dichosos
campamentos. Las ayudas llegaron al principio; pero ahora apenas si nos llega
para comer. Nos han prometido que volverán a construir nuestras casas; pero ¿cuándo?
No aguanto más esa mezcla de olor de escombros y carne quemada, es horrible.
Nos piden paciencia, que todo se arreglará.
A veces sueño con mi casa, con mi pequeño
huerto, a veces sueño con mi vida antes de la tragedia; sin embargo despierto y
la desgracia regresa, como sardinas en lata en esa carpa gigante, rodeada de
personas que no conozco y no quiero conocer, y menos por obligación; pero no
hay más remedio, juntarnos por obligación, ayudarnos por obligación; sin embargo
cuando reparten la comida, cada uno mira por lo suyo, la ley de la
supervivencia, no importa quitarle el pan de la boca al otro.
No sé si resistiré; aunque dicen
que el hombre tiene una capacidad de resistencia que ni el mismo conoce, y
igual sobrevivo, igual…
18 comentarios:
Crudo, y muy bueno. Suele pasar eso. La desgracia, las penas, la falta de ayuda... Pero si te das cuenta, esas personas que quieren ayuda, tampoco desean estar junto a otros, o sea tampoco son muy solidarios. Y después el tema de la supervivencia...
Triste realidad la nuestra...
Muchos besos
Gracias Carmen, eso es lo que suele pasar y pocas veces la solidaridad continua en el tiempo.
Un abrazo
Ponerte en la piel de esta pobre gente que ha sufrido en sus entrañas estos desastres de la naturaleza que en la mayoría de los casos son provocados por el poco respeto que le tenemos, hace que comprendas todas sus reacciones.
Esa capacidad de resistencia es envidiable, hay que ser muy fuerte. Has narrado la realidad, la triste realidad, ya hemos dejado de contar muertos, ahora iremos olvidando y ellos seguirán penando. Un abrazo
Es así Tracy y Ester, cuando pasa el tiempo otras noticias pasan por delante, quedando el resto en el olvido.
Un abrazo
Una realidad desesperante. Y lo peor es que no existen demasiadas esperanzas de mejorar a corto plazo. Son dignos de làstima. Cuando pienso en ello, se me encoge el alma.
Muy bien tu retrato del ambiente.
Un abrazo
Gracias Montserrat. Esta pobre gente es a quien siempre les pasan las cosas. Ya dicen que a perro viejo todos son pulgas.
Un abrazo
Hay que resistir
Gracias Jordim, hay que resistir, tienes razón; pero mejor si los gobiernos se ponen las pilas.
Un abrazo
Buenos días, Carmen:
Mientras leía el soliloquio de tu personaje, la ambientaba en alguno de esos países que sólo son noticia por sus tragedias. Pero de repente la tarje aquí a España, a Murcia, donde las víctimas del terremoto que asoló la comarca de Lorca siguen pendientes del hilo de la ayuda pública que les permita retomar sus vidas truncadas. Han pasado 4 años y han caído en el olvido institucional y ciudadano.
Enhorabuena por tu relato y gracias por tu inspirada convocatoria, Carmen.
Gracias Nino, es verdad lo de Lorca. Lo que decimos, en el primer impacto se responde; pero después a otra cosa.
Un abrazo
Triste texto, muy real. La ayuda llega. Pero desafortunadamente, no se ven los resultados concluyentes por la desviación de los fondos a personas con lucro económico o propaganda política.
Besos
Y no se le puede pedir a esa gente desafortunada que agradezca, si el terremoto les quitó lo poco que tenían.
Es dificil que sean solidarios entre si, si no llega la ayuda que necesitan.
Es verdad, cuando uno se queda sin nada solo piensa en sobrevivir y bastante tiene.
Gracias Demiurgo.
Un abrazo
Qué terrible cuadro nos pintas!... cuadro que, por terrible, no deja de ser muy factible, muy real, muy posible. Lamentablemente nuestros espamos de solidaridad no sirven para poner fin a tanto dolor, sólo ayuda, quizás momentáneamente, pero no más. Las soluciones definitivas no depende del voluntarismo de unos pocos, generalmente. Son los paises, los gobiernos, las grandes corporaciones, los que pueden quizás asumir las respuestas más globales, pero igualmente, todo lleva tiempo.
Un abrazo
Así es Neo,el cuadro es terrible; pero real. Después de los primeros días la gente se olvida y esa pobre gente les cuesta Dios y ayuda regresar a la normalidad.
Un abrazo
Has puesto el dedo en la llaga, Carmen. La solidaridad de las naciones ante catástrofes naturales es como los fuegos artificiales. Brillan durante breves instantes para esfumarse y desaparecer.
Un abrazo.
Creo que es verdad lo que nos muestras en tu relato. Cuando se produce una gran tragedia todos somos muy solidarios y nos lanzamos a ayudar enseguida pero después, y es lógico, se nos olvida porque sería imposible vivir pensando en todas las tragedias que se han producido, imposible colaborar con todas.
Es muy triste pero no podemos hacer más de lo que hacemos, al menos nosotros, individualmente. sin embargo, creo que los gobiernos, sobre todo de los países ricos, si que podrían hacer más de lo que hacen.
Un beso
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