Hasta los cinco años viví en un barrio de Badalona en una casita baja muy
pequeña, que junto a otras cuatro formaban un círculo cuyo centro del mismo estaba ocupado por un patio con un pozo en medio, de donde
sacábamos el agua. Éramos como una familia, de eso me acuerdo, y se podían
pedir favores unos a otros, incluso a veces se hacían pequeñas fiestas con los
niños como protagonistas. Me acuerdo de la libertad que sentía en ese barrio,
salías a la calle y no había peligro de ninguna clase. Pero como la casa era
tan pequeña ,nos mudamos a Santa Coloma de Gramenet a un piso, aquí la cosa
cambió, coches y peligro, si, nos dejaban salir a la calle; aunque con cuidado,
no era lo mismo; pero la superpoblación de esta ciudad no había hecho nada más
que comenzar. Por entonces pocas calles estaban asfaltadas, y la mía era de las
que no estaban, por eso cuando llegaba San Juan se hacían tres esplendidas hogueras
que daban una gran vida a ese día tan especial. Recuerdo que uno de los
primeros edificios que se construyó enfrente del mío lo hicieron con unas
baldositas de colores muy pequeñas, nos volvíamos locos acercándonos a la obra
para coger de todos los colores y hacer colección. Ese fue el primero, después
vinieron muchos más. También recuerdo las colas tan tremendas que se formaban
en la vaquería para esperar la leche recién ordeñada de las vacas, con una
espuma que era lo que más nos gustaba, y aquellas cremas de cacao que hacía mi
madre cuando llegaba la navidad, aun recuerdo su olor, y las natillas con galletas
maría tan buenas. Recuerdos imborrables que me han ayudado a crecer como
persona.
Más sueños y pensamientos en casa de Mº JOSÉ





