Queridos amigos, este fin de semana nos hemos reunido unos cuantos juevereos en Navalcarnero (Madrid), En concreto, Juan Carlos y Cris, José Vicente, Leonor y su marido Diego, Teresa Oteo, consorte e hijos, Ramón Alcaráz, del blog "El desván de la memoria" Emejota, del blog "Otoño casi invierno", y una servidora y mi consorte Andrés. Quedamos en la plaza Segovia, típica y preciosa plaza castellana y de allí partimos en coche, hacia la plaza de toros Felix Colomo, donde nos esperaba un magnífico restaurante. La noche se presentó lluviosa y a algunos nos costó un poco llegar a nuestro destino, más que nada porque confundimos la plaza, con la calle del mismo nombre; pero al final conseguimos nuestro objetivo. Allí pasamos unas cuantas horas hablando de la literatura y del mundo, que siempre va bien; aunque no lo arreglamos ni mucho menos; pero si lo pasamos muy bien. Aquí se reunieron con el pequeño grupo juevero Ramón Alcaraz del blog "El desván de la Memoria" y Emejota, del blog "Casi Otoño invierno"
Al día siguiente nuestros anfitriones nos llevaron al museo del vino. Fue muy interesante descubrir ese oloroso líquido a través de los cinco sentidos, con una voz de fondo, de los más sensual nos acercamos en un bonito viaje hacia los primeros reproductores de vino y las cuevas donde lo almacenaban. Fue muy interesante. Después nos dirigimos a un restarurante de carretera que formaba parte del Hotel Labrador. Disfrutamos de una excelente comida dentro de un gran salón lleno de luz, desde donde se podía observar un esplendoroso jardín muy adecuado para celebrar bodas, precisamente una boda es la que en ese momento se estaba celebrando en uno de sus jardines, hasta tuna tenían, hay cosas que nunca pasan de moda. En medio de la velada, nuestra juevera Teresa nos repartió unos originales diplomas de nuestro encuentro, a los jueveros y jueveras y a sus correspondientes consortes, nos hizo mucha ilusión. Al final de tan copiosa comida esperábamos un chupito para bajar un poco la digestión; pero lo único que nos encontramos fueron unas pesadas mantecadas que nos ofreció el camarero. Por supuesto eran imposible de comer y menos a palo seco; sin embargo, pensamos que no estaba bien hacerle un feo al pobre camarero, así es que decidimos llevárnoslas y más tarde dariamos buena cuenta de ellas.
Para finalizar nos dirigimos al centro comercial Xanadú. Todos seguíamos a Teresa que era la que sabía el camino, yo me quedé en el coche de Cris, detras de Juan Carlos. Ya estábamos a punto de llegar cuando Juan Carlos se desvió del camino; pero nosotras no nos dimos cuenta; pensamos que tal vez existía otra entrada; pero al ver que no paraba nos escamó; menos mal que el coche de delante de Juan Carlos, paró en un determinado momento en un Carrefour, dimos gracias porque fue la manera de que descubriera que en ese coche no iba Teresa sino otra persona. Por suerte al final llegamos a buen puerto. Allí en Xanadú descubrimos unas pistas de Nieve artificial, donde los niños y niñas se lo pasaban pipa, eran muy grandes, desde luego nos llamaron tremendamente la atención. en plena ciudad, la creación de esta infraestructua, debía de costar una fortuna mantener todo aquello; pero parecía que salía a cuenta.




