Los cumpleaños son una
contradicción. Cuando eres muy joven te encanta cumplir años; pero cuando te
vas haciendo mayor, no te hace mucha gracia. Recuerdo cuando mis hijas eran
pequeñas, hacía mucha ilusión celebrar la fiesta de cumpleaños, las caras de felicidad que ponían ante tantos
regalos eran espectaculares. Supongo que cuando los estereotipos se repiten, se
hacen aburridos, y se ha de intentar ser original en las celebraciones.
Cuando cumplí cincuenta años me
trajeron un gran ramo de flores, mis hijas me regalaron una presentación con
música, que representaba toda mi vida.
Me hizo más ilusión que cualquier otro regalo. Fue uno de los días más felices
de mi vida.
Otros cumpleaños se ven
diferentes, como los años que hace que tengo el blog, que por cierto ya va para seis años y medio.
Parece mentira; pero esto no es flor de un día, dura y dura como las pilas, y
todo gracias a los jueveros. Este aniversario si que representa todo un record que te alegra la
vida, te obliga a escribir,- aunque esta
obligación la tomo con gusto- y disfruto con ello. Ésta es una conmemoración a
la que no quiero renunciar, es una parte de mí, significa demasiado.
También están los cumpleaños que
de por si son tristes, como el de una muerte; y aunque dicen que el paso del tiempo trae el olvido, la verdad es
que la ausencia se hace más llevadera; pero es muy difícil de olvidar. Igual de
tristes son los aniversarios de tragedias, el 11m y el 11s, imposible no recordarlas.
En conclusión, los cumpleaños no siempre son agradables;
pero como no se puede hacer nada, hemos de
dejar pasar el tiempo por las
buenas; porque a las malas ya sabemos que nos sucederá, así que mejor no
pensar, celebrar mientras se pueda y disfrutar de la vida.
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