Siempre quiso ser otra persona; pero nunca había tenido el valor de
lanzarse al vacío. Su vida era monótona,
casada con dos hijos, que en cuestión de
poco tiempo se hicieron mayores, y su vida pasó en un suspiro. ¿Y, ahora, qué
pinto yo aquí? pensó. A su marido lo miraba y casi no lo reconocía. Aquel
hombre del que se enamoró no estaba allí.
Comenzó a salir por las noches sin que su marido se enterara, y a acudir a
unos bares a los que no había vuelto desde que era muy joven. Hasta que un día
se presentó ante su marido totalmente irreconocible. Él no la reconoció,
imposible hacerlo. Pelo corto, bigote y
una barba postiza cubrían su cara. En definitiva, transformada en un hombre. Lo
miró fijamente y le dijo:
--Alfredo, se acabó la farsa, nunca me he sentido una mujer, a partir de
ahora mi nombre será Juan y me voy de esta casa. Mi vida contigo ya no tiene
sentido, yo quería formar una familia y lo he conseguido. He sido feliz; pero
siempre eché de menos lo que sentía dentro de mí. Ahora que los chicos se
fueron, siento un enorme vacío. Eres un buen hombre; pero ya no te puedo dar lo
que tú quieres.
Juan cogió sus cosas y desapareció ante los ojos de Alfredo que en estado
de xoc fue incapaz de reaccionar, simplemente la miró y vio como desaparecía
ante sus ojos.
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