A mí siempre me han dicho que tengo mucha fuerza de voluntad o mucha fe,
depende de cómo te lo quieras tomar; pero hay gente que a veces piensas: --Yo
no hubiera podido. Y esta es la historia de un hombre que conocí haciendo
turismo rural, él era el dueño de la casa, de mediana edad y con una ligera
cojera. Todos sabéis que a veces se coge confianza con esas personas, la casa
era pequeña y tenía pocas habitaciones. Una vez nos llevó de excursión y
descubrimos que corría una barbaridad a pesar de cómo tenía una pierna, nos era
imposible alcanzarlo. Entonces hablando un poco por el camino nos contó su
historia. Con veinte años menos, él era campesino y llevaba un tractor. Un día
no sabe como se bajó de él y no debió poner el freno, o lo puso flojo, el caso
es que el tractor le pasó por encima y le destrozó las piernas, sobre todo una
más que la otra. El diagnóstico fue muy severo, no podría volver a caminar y
tendría que ir seguramente en una silla de ruedas. Por supuesto se lo tomó
fatal, él era muy tozudo, una persona muy activa y no estaba dispuesto a acabar
sus días postrado en una silla. Al principio se puso en la silla en
el hospital; pero cuando regresó al campo, lo primero que hizo fue apartarla, y
comenzó a caminar como un mono a cuatro patas, medio arrastrándose. Su mujer no
se lo podía creer; pensaba que se había trastornado; pero de eso nada, día tras
día caminaba a cuatro patas, la mejora fue muy lenta y con muchos dolores, que
él estaba dispuesto a aguantar, y poco a poco se fue poniendo derecho, primero
con ayuda de dos muletas y después sin ellas logró caminar casi como antes,
solo le quedó esa leve cojera. Su fe en sí mismo fue tan grande que logró su
mayor objetivo, caminar de nuevo, parecía un milagro; sin embargo solo fue
cuestión de fe. Siempre me acordaré de esta historia y en mis momentos bajos
pienso en esa persona que jamás se rindió.
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