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viernes, 2 de octubre de 2009

SÁBADOS LITERARIOS DE MERCEDES


HISTORIA DE MIS MUEBLES

EL CAMAROTE

Fue la primera amiga a la que le compraron un dormitorio de mayor, y nos lo enseñó muy ilusionada. Cuando entré allí, no me lo podía creer: una preciosidad. Aquellos muebles eran diferentes a los que estaba acostumbrada; parecía que nos encontrábamos en el camarote de un barco, pero de lujo. El armario disponía de unas puertas en forma de persiana, cuyo tono marrón oscuro le daba un aire muy señorial. Al lado de la cama, un escritorio hacía pensar que de pronto aparecería tras él el capitán del buque. Mi amiga se sentía orgullosa de esos muebles porque dibujaban perfectamente su personalidad: metódica, delicada y un poco romántica. Parte de su vida pasó con aquel mobiliario como testigo mudo de momentos llenos de esperanza, de otros cargados de tristeza, por él no se notaba el paso del tiempo. En los últimos años añadió a ese cuarto un piano de color caoba, y la estancia adquirió un tono nostálgico muy peculiar. Cuando hace poco cambió de piso, sólo se pudo llevar parte de esa habitación. Y yo lo sentí, claro que lo sentí; y si alguien me pregunta: ¿por qué? Porque ese mueble había formado parte, si no de mi vida, sí de algún capítulo de lo que representó mi juventud.




jueves, 17 de septiembre de 2009

EL CARTEL


Después de unas semanas de sequía me he decidido a escribir este relato. El cartel es real, el año, así como el nombre de la actriz son fictícios. Hice este cuadro al final del curso escolar y inspirándome en él se me ocurrió el relato.

El CARTEL

—Es usted preciosa —le dijo un tipo a una señorita que tomaba café en la Rambla de Barcelona (concretamente el Café de la Ópera, enfrente justo del Liceo).

En esta época —1920— no se veía muy bien que una señorita estuviese sola en un bar; por eso Carmen decidió no contestar, pero el hombre insistió.

—Perdone, no es mi intención molestar, trabajo para la bebida Coca-cola, no sé si la ha oído usted.

—Sí, dicen que una señorita no debe probarla, porque contiene no sé qué sustancia.

—Bobadas, eso es la competencia, como no pueden hacer nada frente a nuestro éxito, nos intentan injuriar.

—Ya, bueno, ¿y yo, qué tengo que ver con eso?

—Sí me permite, se lo explico.

Aquel hombre —ni muy joven ni mayor, de una edad indefinida, podía rondar los treinta y cinco años; lucía el pelo engominado, con entradas que destapaban una frente despejada, bigote que se perfilaba por encima del labio, facciones angulosas que le hacían parecer mayor, camisa blanca y corbata negra, traje negro ajustado y zapatos negros resplandecientes— comenzó a comentar a aquella chica su misión.

—Mire, señorita, para promocionar su producto mi compañía se dedica a realizar una propaganda mediante carteles con personajes atractivos que tienen en su mano una botella de Coca-cola, o bien que se note que se sienten atraídos por ella. Hace un mes que estamos buscando una chica que de un aire sensual a nuestra bebida y que se parezca a una de las divinas de nuestro cine: Rita Heimburg. Usted es la única que cumple esa condición.

La joven, mirando a aquel individuo con cara de incredulidad, le respondió:

—No me diga que en toda América no ha encontrado nadie que se parezca a esa Rita. Además yo no soy una cualquiera, ¿qué diría mi familia?

—Perdone si se ha sentido ofendida; pero no se preocupe, su familia puede estar presente en todo momento, nada más tendrá que posar un par de sesiones, por supuesto con un vestido —un poco llamativo, eso sí—, aunque no se le verá nada. ¡Ah!, y tendrá una buena recompensa, trescientas pesetas y además el verse inmortalizada por todo el mundo.

La joven se quedó pensativa, una pequeña arruga en la frente aumentaba su belleza, su cara rosada formaba un óvalo perfecto y su pelo moreno lleno de ondas hechas perfectamente al agua; sus labios pintados de rojo realzaban su sensual forma carnosa. Si aceptaba, seguro que su vida cambiaría; pero estaba completamente convencida de que sus padres no lo aceptarían. Una serie de imágenes aparecieron delante de ella, recorriendo países y países, homenajeada por todo el mundo. De pronto, una voz la despertó de su sueño.

—¡Señorita, señorita!

—Sí, sí, ¡ay¡, disculpe, estaba distraída.

—Bien, ¿qué decide?

—Acepto —-dijo con voz temblorosa.

—No se arrepentirá —contestó el tipo con una sonrisa pícara, sintiéndose triunfante en su misión.

—¿Y qué es lo que tengo que hacer?

—Tendrá que acompañarme a casa del cartelista. Quedamos mañana a las cuatro de la tarde aquí mismo.

El hombre se despidió. Y allí quedó la chica, con sus pensamientos e ilusiones ante lo que le esperaba. Volvió a su casa; bueno, en realidad a casa de sus padres. Unos padres algo mayores para tener una hija tan joven; pero la naturaleza fue caprichosa con ellos, cuando ya no esperaban nada de nada, la casa se llenó de risas con el nacimiento de Carmen. No disponían de gran cosa, y ella ganaba más bien poco con su trabajo de modista. Cuando veía aquellas revistas llenas de modelos tan bien vestidas, soñaba con parecerse a ellas; y tal vez ahora por fin había llegado el momento. Sus padres podrían disfrutar de una buena casa y vivir más desahogados.

Al día siguiente volvió al café, allí esperaba aquel hombre. Se dirigieron Ramblas abajo a la calle Puertaferrisa, allí se encontraba el taller del pintor. Subieron y subieron escaleras hasta llegar al ático, donde la luminosidad era impresionante. Un hombre de unos veinticinco años, con el pelo revuelto, les abrió la puerta. Éste se quedó embobado al ver aquella joven tan guapa. El hombre que acompañaba a Carmen lo sacó de su ensimismamiento.

—Peter, le presento a Carmen.

—Hoola, encantado —dijo con voz temblorosa.

Le enseñó el estudio, por fin le indicó dónde iba a posar y el vestido que luciría. Ella no se había imaginado que sería llamativo. Era rojo escarlata, ceñido y sin tirantes; quedaba al descubierto parte del pecho y los hombros. Además, en las manos debía ponerse unos guantes del mismo color. En un primer momento le entraron ganas de correr; los dos hombres, desde luego se dieron cuenta.

—¿Qué le pasa, Carmen? ¿No se querrá echar atrás?

—No, no me pasa nada —dijo Carmen con voz entrecortada.

Poco a poco, detrás de un biombo se quitó la ropa y empezó a colocarse el vestido rojo escarlata. Cuando acabó, agarró los guantes y con suavidad los fue introduciendo en sus dedos y los deslizó hasta el codo. Una vez acabado el protocolo, se dirigió al lugar donde posaba. Una cortina granate de fondo, ella sentada en un taburete de madera, la cabeza ligeramente ladeada y en su mano izquierda una botella de Coca-cola.

—Bien, señorita Carmen, lo hace usted muy bien. La cabeza un poco más hacía atrás y sonríe un poco.

Al principio se encontraba cómoda; pero tras un par de horas ya no podía más. Empezó a sentir un dolor de cuello horroroso y la sonrisa de la boca le iba desapareciendo. El pintor lo notó rápido y, dirigiéndose a ella, le comentó.

—¿Está cansada?

—Un poco, sí.

—Aguante un poco más, que casi acabamos.

Cuando acabó la tercera hora se dio por finalizada la sesión. Era un poco tarde, así es que cuando llegó a casa se tuvo que inventar una excusa para tranquilizar a sus padres; dudó que la creyeran. Le hicieron prometer que no volvería a venir tarde.

Al día siguiente volvió a su definitiva y última sesión. Igual que el día anterior, más segura de sí misma, se colocó el vestido, los guantes y se dispuso a posar. Hoy recibiría su recompensa y nunca más vería a aquellos tipos, y más después de las miradas que le dirigía aquel pintor de mala muerte. Llevaba media hora cuando comenzaron a llamar a la puerta. El pintor, sorprendido, decidió no contestar; pero aquellos golpes apenas imperceptibles se convirtieron en grandes porrazos, que no paraban de sonar. Por fin abrió la puerta. Una pareja de señores mayores le miraban con cara de malas pulgas.

—¿Dónde está nuestra hija?

—¿Quiénes son ustedes? No tienen derecho a entrar en mi casa, llamaré a la policía.

Carmen salió de la estancia y, roja de vergüenza, se tuvo que enfrentar con sus padres.

—Mamá, papá ¿Qué hacéis aquí?

—¿Y tú? ¿Esto era a lo que te dedicabas? Vístete ahora mismo, desvergonzada.

—-No es lo que os imagináis, dejad que os lo explique.

—No hay explicación que valga, coge tus cosas

—Pero..

No la dejaron acabar, casi arrastrándola se la llevaron de allí.

—Mamá, papá, me han de pagar.

—Que se queden con su sucio dinero, mi hija no cobra por esto.

Pobre Carmen, no iba a cumplir su sueño; porque eso era lo que había sido todo, un sueño. A partir de ese día la acompañaban al trabajo y no la dejaron sola un instante.

Un día, de camino a su taller vieron una gran valla publicitaria; y... allí estaba, con aquel vestido

rojo escarlata y la botella de Coca-cola en la mano. La madre de Carmen lanzó un grito

horrorizada; pero la hija comenzó a reír con unas carcajadas que se oyeron por toda la manzana.

Parte de su sueño se había cumplido, a partir de ese momento sería para siempre inmortal.

viernes, 28 de agosto de 2009

SÁBADOS LITERARIOS DE MERCEDES



ALGO SOBRE MI BLOG

-Mama, ¿quieres qué te haga un blog?

Así es como empezó todo hace un año, ya se sabe, en esto de la informática nuestros hijos nos superan con creces. Yo ni me lo había planteado; pero al proponérmelo, no me pareció mala idea, era una manera de dar a conocer mis “obras de arte” y a la vez acompañarlas de un pequeño escrito que fuera armonioso. A pesar de que yo no entendía mucho, le dejé que lo realizase a su aire, después me enseñó a bajar imágenes, colocar escritos, seguidores y otras cosas; aunque poco más de esto sé; no me preocupa, porque a mi me gustan las cosas simples y con poca ornamentación. Nunca pensé que a través de él se abriera un universo tan grande, que pudiera conocer a cantidad de personas de poblaciones de lo más variopintas. Para mí ha sido un descubrimiento muy gratificante; a pesar de que como dice alguno de mis compañeros, en ocasiones me ha esclavizado un poco. De todas maneras procuro que no sea así y se convierta en un aliciente para mejorar mi escritura, a la vez que para aprender de otros que lo hacen bastante mejor que yo.

En resumen, esto de tener un blog es más positivo que negativo; sin embargo como todas las cosas de esta vida hay que disfrutar de él en su justa medida, para no transformarnos en unos adictos irremediables que acabemos frustrados cuando nuestros escritos no cumplan las expectativas que habíamos depositado.

martes, 25 de agosto de 2009

BOCETOS DE VACACIONES 2009

Hola a todos:
Ya he vuelto de mis vacaciones, parece que haya pasado una eternidad y sólo han sido quince días.
He estado por Europa central, en concreto Austria y la republica Checa, y como en mis anteriores vacaciones de Italia, he ido cargada con mi pequeño blog de dibujo, y en aquellos momentos que he tenido un poco de relajación, -que han sido pocos-he intentado plasmar todo lo que observaba, llevándome un trocito de aquello que mis manos han realizado. Espero que os guste, los he acompañado de unas cuantas fotos para ambientar.

MOMENTO DE RELAJACIÓN EN EL MONTE DE LOS CAPUCHINOS (SALZBURGO)



TRANQUILIDAD EN EL LAGO KONIGSEE (ALEMANIA)



DESCANSO EN LA GLORIETA DEL PALACIO DE VERANO DE LOS EMPERADORES DE AUSTRIA (VIENA)

UN RESPIRO EN LOS JARDINES DEL PALACIO DE BELVEDERE (VIENA)


MOMENTO DE TRANQUILIDAD OBSERVANDO EL AGUA. VISTA DEL PUENTE DE CARLOS (PRAGA)


viernes, 7 de agosto de 2009

SÁBADOS LITERARIOS DE MERCEDES


La semana que viene me voy de vacaciones y éste es mi último sábado literario antes de volver, que será en dos semanas. Ya os contaré. El tema de esta semana propuesto por Mimi es muy divertido. Va sobre el viento, un tema que da mucho de si. A ver que os parece.

EL VIENTO

Nunca me ha gustado el viento, me es molesto; prefiero la lluvia, y no os quiero contar cuando conduzco. Una vez me destinaron a un pueblo dejado de la mano de Dios. Uno de los primeros días, circulando por la autopista, hacía tanto viento que el coche se movía de una banda a otra, daba un miedo indescriptible, y a pesar que llevaba el volante bien agarrado, daba igual, parecía que iba montada en una bicicleta. Paré en una gasolinera y me recomendaron que le pusiera un líquido al coche para amortiguar el aire; creo que me tomaron el pelo, porque no noté absolutamente nada. Otra cosa, como yo llevo lentes de contacto, el viento es mortal, si te entra algo en el ojo, el dolor que te invade es horrible, parecido a un pinchazo con una aguja afilada, y después te las ves y deseas para que todo vuelva a su orden.

La verdad es que para mí el viento nada más que tiene inconvenientes; aunque he de reconocer que en algunos aspectos estéticamente produce efectos resultones; por ejemplo, la majestuosidad del movimiento de los barcos de vela, y los jóvenes practicando windsurf y surf, con las olas que rompen en la arena.

Una vez mi suegro me contó que hace unos cuantos años sopló tanto viento que casi se lleva a una mujer; ésta se agarró a una farola y se quedó en el aire en posición horizontal. Justo encima de ella había una valla publicitaria con un anuncio de la compañía Iberia, en el cual se veía un avión volando. La situación era rocambolesca, si en esos momentos hubiera existido el video, la filmación era segura. La tuvieron que aguantar dos personas para que no se soltara. No sé si será verdad; pero de tantas veces que me la ha contado a veces tengo la sensación de sufrir una paramnesia, como si yo hubiera estado en ese lugar. Desde luego, si lo fue, tuvo que ser tremendo; aunque como mi suegro es algo exagerado, ¿quién sabe?

viernes, 31 de julio de 2009

SÁBADOS LITERARIOS DE MERCEDES

¿Y QUIEN SE COMIÓ AL GATO?

Cada día siento más hambre y mi mamá me dice que no hay comida. Estoy harto de comer patatas y más patatas; a veces un poquito de arroz; pero poca cosa más. Tengo los pies magullados, el otro día mi mamá me compró unas albarcas y no me lo podía creer, no me acordaba de la última vez que vi cubiertos los pies, siempre llenos de cortes.

Cuando mi madre ve que me quejo mucho, siempre me envía a casa de Doña Dolores. Ella tiene un gato de pelo blanco precioso y suave, con el que me gusta mucho jugar porque se me olvidan todas las penas. Él se me sube en mi barriga -que más que barriga parece un pellejo, ¡maldito racionamiento!- y estoy muy agustito.

Ayer mi madre me dijo que fuera con mis hermanos a guardar cola, a ver si conseguía algo de comida; yo no confiaba mucho, porque más de una vez nos pasamos horas y horas y cuando nos toca ya no queda nada. Mi madre, la pobre, se recorre medio pueblo buscando alguna cosa para darnos de comer; aunque más de un día nos hemos acostado con la barriga vacía. La vecina tampoco tiene mucho que llevarse a la boca; sin embargo, un sobrino que trabaja en la Embajada Alemana le consigue algunos alimentos; y ella, que es muy buena, siempre nos reparte alguna cosa. Como somos tantos nos toca poco, ante el desespero de mi madre, que desde que murió nuestro padre en el frente no duerme pensando cómo alimentarnos.

Hoy he visto una sonrisa en la cara de mi madre, se le veía contenta. Nos ha dicho a mis hermanos y a mí que fuéramos a la cola; lo que me ha extrañado es que nos enviara a todos, y ha insistido mucho. Cuando hemos vuelto con las manos vacías, no ha puesto mala cara; al contrario, nos ha comentado que le han hecho un buen regalo y que hoy comeríamos bien. Desde luego que de la cocina llegaba un olor a guisado estupendo. Todos estábamos a la expectativa, ¿qué sería aquello tan bueno que nos había preparado? Cuando abrió la fuente, un aroma a carne inundó todo el comedor y uno a uno nos fue sirviendo en nuestro plato. No sé el tiempo que hacía que no comía carne. Mi madre nos comentó que un señor muy rico amigo de papá la encontró y le regaló un conejo. ¡Dios mío, qué bueno estaba! Disfruté como nunca había disfrutado comiendo, aunque sólo fuera por una vez..

Al cabo de varios días oí a doña Dolores llorar desconsoladamente, sin parar de repetir:

-¿Cascabel, por qué te has ido y me has dejado tan sola?

A mí me daba mucha pena. Nada más entrar en su casa, me sorprendió no encontrar al gato y le pregunté por él.

-¡Ay, hijo mío, el muy truhán se ha marchado. Después de todo lo que he hecho por él, y así me lo paga!

Me dijo que hacía dos días que desapareció y no sabía nada de él. Dos días, pensé, justo cuando comimos aquel plato de carne tan exquisito. No, no podía ser, mi madre no sería capaz de haber hecho eso -¿o tal vez sí?-. Mejor sería que la pobre doña Dolores siguiera pensando que Cascabel la había abandonado; porque si se enteraba que nos lo comimos dos días antes, nos dejaría de hablar. Poco a poco se le olvidaría y todos tan felices. ¡En fin!, ¿qué no haría una madre por sus hijos?

viernes, 24 de julio de 2009

SÁBADOS LITERARIOS DE MERCEDES

¡BRAGAS, CUATRO EUROS!

Hace dos meses le compré la parada de ropa a la prima. No está mal; pero no vendo mucho, no sé si es que no sirvo para esto o qué pasa. Los madrugones es lo que me mata, ya sabes que a mí no me gusta levantarme tan temprano, no puedo con mi cuerpo y además me pongo de mala leche. Cuando acabo de montar aquel trasto, comienza a pasar gente que mira y mira; pero ¡puñeta! no compra. Yo hago como la prima, empiezo a gritar: Baratooo, dos euros una bata. Compra, guapa, si no te gusta te devuelvo el dinero. Oye, ni así, aunque voy aprendiendo, te lo prometo y a veces algo vendo. Lo que me molesta es cuando vienen algunas tipas que se prueban y se prueban y te dicen: No tienes de color azul con florecitas rosas. Y como precisamente de esas no me quedan, después de hacerme perder el tiempo, se largan. Y la que se lleva algo y a la otra semana lo trae porque no le acababa de gustar; vaya lata. Le digo de cambiarlo por otra cosa; aunque si no quiere toca aguantarse y devolverle el dinero, qué le vamos a hacer.

Lo bueno de este oficio es que consigues muchas amistades que me dan muy buenos consejos, como la de las cacerolas, o el churrero —este es el mejor, unos buenos churros con chocolate despiertan a un muerto—. ¡Ah! y también la de las hierbas naturales, que siempre me está recomendando una nueva para no sé qué dolor. Lo que no me gusta demasiado es el ser tan nómada, ir montando y desmontando la paradeta, y luego hay pueblos y pueblos, en algunos la gente es más propensa a la compra y en otros solo les gusta chafardear.

De todas maneras estoy contenta por la independencia que tengo, soy la dueña de mi propio negocio; y si algún día no me interesa, pues lo vendo y ya está, ya vendrán tiempos mejores.